Un hombre ya maduro contrató una secretaria.
Era una mujer joven, ingeniosa, gentil y, sobre todo; muy hermosa.
Un día, mientras tomaba dictado, notó que su jefe tenía la bragueta abierta.
Terminó el dictado y se dispuso a salir de la oficina cuando, antes de
cerrar la puerta, dijo:
'Por cierto, señor, la puerta de su cuartel está abierta.'
El hombre no entendió el comentario; no obstante, al poco rato se dio cuenta
de que el cierre de sus pantalones estaba abajo.
Al hombre le hizo gracia la manera en la que su secretaria se había referido